ESKE y YASTA 2018-11-11T17:30:28+00:00

ESKE y YASTA

Dos amigos, al alcanzar la mayoría de edad, decidieron irse a trabajar como peones a la gran factoría que habían construido en un pueblo cercano.

Desde el primer día los dos dieron lo mejor de sí mismos, pero pronto se manifestaron grandes diferencias en sus estilos de trabajo y en sus trayectorias.

Mientras Yasta se ganaba rápidamente el aprecio de sus jefes, Eske cada vez estaba más convencido de que no confiaban en él por razones que escapaban a su comprensión.

-No sé, Yasta, pero creo que me están cogiendo manía. Hago todo lo que puedo, trato de ser útil, pero no conecto con el jefe. Creo que debe ser un problema de química personal o algo así.

-Pues lo siento, porque a mí me va muy bien, estoy súper a gusto y hoy mismo el director me ha comentado que quiere ascenderme a encargado.

-Si es que tienes una suerte impresionante. A mí no me pasan esas cosas. Tenemos la misma edad, los mismos estudios, la misma experiencia, las mismas ganas. ¡No lo entiendo!
Chico, habla con tu jefe o con el director.

A lo mejor te aclaran algo que a ti se te ha escapado.

Al día siguiente Eske decidió hablar con el director del área en la que trabajaba y le manifestó sus inquietudes y desconciertos.

Emilio, el jefe, meditó sobre cómo podría hacer que entendiera el porqué de su triste recorrido.

Apreciaba al chico, así que se comprometió a ayudarle y le pidió que le diera unos días para pensar cómo.

La semana siguiente, Emilio llamó a los dos amigos a primera hora y les dijo:

-Necesito que se ordene todo el material de mantenimiento de las máquinas. Tú te encargarás de la nave 1 y tú, de la nave 2. Esta tarde quiero veros a los dos antes de que os vayáis para que me contéis cómo van las cosas. ¿Alguna pregunta?

Yasta sólo preguntó:

– ¿Algún criterio especial para ordenarlos?

– El que tú quieras, pero que sea práctico y sencillo -respondió Emilio.

Y dicho esto, Yasta salió raudo a comenzar su tarea. Cuando se quedaron solos, el jefe miró al otro amigo, que permanecía callado y pensativo, y le comentó:

-Bien, ¿tienes algo que decirme?

-Verá, es que va a ser difícil ordenar bien las herramientas, porque es que siempre hay alguien que está usando alguna. Además, hay muchas que ya no valen y se siguen guardando.

-Haz lo que te parezca mejor y me cuentas luego.

-Ya, pero es que seguramente no podremos clasificarlo todo, y tampoco cabrá en el mismo armario.

-¿Estás seguro? ¿Te consta que así será o sólo lo supones?

-Hombre, seguro no, pero será complicado.

-Bien. Lo dicho. Esta tarde me cuentas cómo va todo.

Pasó la jornada y a última hora Eske se personó ante Emilio. Estaba abatido y agobiado, y nada más verle le dijo:

-Me he puesto a ello, pero no he podido avanzar casi nada. Verá: es que he empezado a recorrer la nave para ver cuántas herramientas había en total fuera de su sitio y era un follón.

Aun así me he ido a los armarios para ver cómo organizar el espacio y no ha habido manera, porque es que están llenos de trapos y material viejo y antes habría que tirarlo todo para ver qué espacio queda.

-Bueno, pues hazlo mañana.

-Es que es mucho y no sé si cabrá en el contenedor de fuera.

-¿No lo sabes, o no cabe?

-Bueno, creo que no cabe.

-¿Has ido a ver cómo está el contenedor?

-Sí. Bueno, no. Es que el otro día hubo mucho movimiento y se tiraron allí los embalajes y estará hasta arriba.

-¿Seguro?

-No, seguro no. Pero no he tenido tiempo de ir a verlo…

– Es que me han llamado del almacén para unas cosas y al final se lió todo y no pude salir.

Emilio no dijo nada más, pues vio que Yasta se acercaba por el pasillo y prefirió esperar. Cuando éste les alcanzó, le preguntó:

-Bien, ¿cómo va el tema de las herramientas?

-Ya está.

-¿Todo?

-Sí. He tardado un poco más porque he aprovechado para tirar todo el material viejo y vaciar los otros armarios para dejarlos preparados para más cosas.

-¿Y has podido tirarlo todo?

-Sí, aunque he necesitado otro contenedor porque el nuestro estaba casi lleno. De todas formas, lo he comentado con el supervisor de planta y me ha dicho que le hacía falta otro a ellos, así que he aprovechado y lo he pedido.

-¡Ah! Muy bien. ¿Y cuándo estará?

-Ya está. Pedí que lo trajeran esta tarde. Mañana por la mañana acabo de revisarlo todo y si le parece hago una lista del material defectuoso y del que creo que haría falta renovar.

-Me parece bien. Y ya de paso haces un recuento de todo para tener un inventario actualizado.

-Bueno, ya está hecho. Mientras lo ordenaba me hice una lista con todo.

-Vale, magnífico. Por cierto, acuérdate de que la semana que viene comienzas en tu nuevo puesto de encargado.

-Sí, ya he hablado con un compañero para que me ponga al día. De todas formas, tengo escritas muchas preguntas que hacerle para tener todo claro y aprender desde el principio.

-Bien. Cuando quieras las vemos.

Yasta se marchó. Y Eske aún no comprendia el porqué de un trato tan diferente.

-¿Has visto lo que ha hecho?

-Bueno, es que él ha podido hablar con el supervisor y…

-Ya. Pero no me refiero a eso, sino a su capacidad para sorprender siempre por hacer las cosas antes y mejor de lo que cabía esperar.

-Debes saber que para todo responsable de equipos, para los que estamos permanentemente preocupados por que todo funcione correctamente, oír la frase «Ya está hecho» supone música celestial, un aliento de eficacia y un descanso para el estrés.

Y no sólo para los demás: para uno mismo, para mantener viva la actitud positiva y la propia autoestima, poder decir con satisfacción que uno ya ha hecho, y bien, lo que se había propuesto hacer, es un apoyo infalible. ¿Tú quieres que te ayude a mejorar?

-Desde luego. Yo deseo cumplir, pero por alguna extraña razón parece que nunca dejo satisfechos a mis jefes… ni a mí mismo.

-Para progresar en tu rendimiento, simplemente debes concentrarte en una sola cosa.

-Vale. Dígamelo sin tapujos, estoy dispuesto a hacer lo que sea.

-De acuerdo. No vuelvas a decir «es que…».

Cada vez que lo haces te frenas a ti mismo y desesperas a los demás.

Porque al hacerlo, te orientas, sin querer, a las excusas y los problemas en vez de a la acción y las soluciones. Es malo para ti, negativo para tu imagen y exasperante para tus jefes.

-Bueno, lo intentaré, pero es que eso es muy complicado porque a veces las cosas no dependen de ti y…

Poder decir «Ya está hecho» supone para uno mismo y para los demás un aliento de eficacia, de calidad y un descanso para el estrés.

-¡Basta de «es-ques»! A eso me refiero precisamente, a lo que acabas de hacer. No te has tomado ni un segundo para pensar y ya estás hablando con el «es que» por delante. Si logras cambiar eso en tu comportamiento pronto ganarás autoestima, eficiencia y el aprecio profesional de los demás.

-Gracias. Creo que este consejo me será de mucha ayuda. ¡Prohibido el «es que»! Pero, ahora que caigo…, es que…

– ¿Ya empezamos?

-No, si lo que iba a decir es que tendré que empezar por cambiarme el nombre. ¡Se acabó ser el señor Eske! A partir de hoy también quiero ser un miembro del grupo de los «Ya está», así que desde ahora me llamaré «¡Hecho!»

-Bravo, a por ello. Y ahora a casa, que mañana tienes que acabar el trabajo pendiente.

– ¡Hecho!